6 mar 2014

Pensamientos




Aquel día lucía el sol con mucha viveza.
Un pequeño gorrión, posado sobre un viejo tejado, parecía mirar a la mujer a través del cristal de la ventana. Movía su diminuta cabeza de un lado a otro, como si quisiera saber en qué pensaba ese ser que para él era tan distinto.
Pero la mujer no estaba pensando, permanecía en trance, sumida en la nada. Su mente volaba entre dudas y sentimientos enfrentados. Sus ojos no enfocaban el paisaje que tenían delante, simplemente, no estaban allí. Se habían ido.
Y en qué pensaba la mujer era lo menos importante. No interesaba la respuesta al motivo de aquella ausencia. Lo que realmente asombraba era que en ese momento, en algún lugar del mundo, otra persona experimentaba la misma sensación de vacío, y si nos fijábamos bien, podíamos encontrar a muchos más seres con la mente fuera de sus cuerpos.
No era pues, un hecho aislado. La mujer no se encontraba sola en su incertidumbre. Pero ella no era consciente de ello, y tampoco le importaba.
Y el gorrión, que piaba contento desde el viejo tejado, se alegraba de ser un pequeño pájaro. Sin saber qué significaba aquello, qué significaba estar allí, simplemente gozaba de estar vivo.

12 feb 2014

Existir



Desde el vacío más profundo del universo,
Una pequeña estrella nos mira cauta,
Se ríe de nuestra ignorancia,
Llora por nuestra fatalidad,
Pues ella sabe, conoce, cual es la verdad.

Desde el punto más lejano del firmamento,
Una galaxia se expande con calma,
Con brazos estelares nos abraza,
Mientras se burla de nuestra ingenuidad,
Pues ella sabe, conoce, donde está la claridad.

Y en algún lugar de nuestro cielo incierto,
Se pregunta el hombre cuál es la realidad,
Pues incapaz de hallar una contestación,
No puede más que caminar al azar,
No puede más que dejar de pensar,

¿Qué significa existir?
¿Qué significa vivir?
¿Qué significa, entonces, morir?

Desde el espacio más alejado de nuestra constelación,
Un naciente sol nos mira con atención,
No se ríe de nuestra amnesia
Nos se burla de nuestra inconsciencia,
Solo nos observa sabiendo cuál es nuestra próxima estación


6 nov 2013

Mi querida Nostalgia





Su rostro siempre estaba triste, ausente; con los ojos perdidos en algún lugar del horizonte. Nunca sonreía, y si lo intentaba, las lágrimas se apresuraban a galopar por sus mejillas hasta caer sobre su pecho.
No había nada que pudiera hacerla feliz. Por muchos momentos alegres que viviese, ella siempre lloraba sin ninguna razón. Sollozaba en la penumbra sabiendo que nunca encontraría consuelo en un cielo azulado o en una noche bañada de estrellas fugaces.
Era como una maldición adherida a su espíritu.
Y aquella desconsolada niña, que junto a mí se convirtió en mujer, me acompañaba allí a dónde quiera que fuese. Siempre estaba conmigo, a mi lado. Me agarraba de la mano y a veces e incluso me abrazaba con fuerza.
Era mi compañera, y aunque a mí no me gustaba su tristeza, sentía que no podía dejarla sola.
No hablaba mucho y no sabía mucho sobre ella, a pesar de que siempre la había conocido, sin embargo, en un intento de explicarme quién era, me dijo que se llamaba Nostalgia y que nunca podría dejar de ser mi amiga.
 

11 jul 2013

El amante

Gustav Klimt



La verdad estaba en sus ojos. Alejandro podía verlo a través de sus dilatadas pupilas, pero no se atrevió a decir nada. Suspiró y agachó la cabeza.
Cloe sonrió. Sus labios se estiraron haciéndose aún más rojos. Alargo la mano e intentó acariciar el rostro de Alejandro, pero él se apartó.
Los dos desviaron su mirada hacia la nada.
Mientras, en la calle, al otro lado de la ventana de la cafetería, un hombre observaba la escena bajo el imponente sol de verano.
Ellos no sabían quién era él, pero él si sabía quién eran ellos…
Alejandro tomó un sorbo de su café, y pensativo posó de nuevo sus ojos en Cloe.
-Está bien… - susurro – No hay nada más que hablar.
El hombre se acercó un poco más a la ventanilla del bar.
Cloe no sabía qué decir. Ya había mentido demasiado e intuía que Alejandro no la creía, así que, cogió su bolso, se levantó y se despidió de su hermano.
Cuando salió a la calle, no se percató de la presencia del hombre. Siguió su camino con prisa, aporreando el suelo con sus tacones.
El hombre aguardó a que la figura de Cloe desapareciese entre las calles.
Alejandro, consternado, no entendía por qué su hermana le mentía sobre la muerte de Irene. Su mujer no estaba sola cuando tuvo el accidente, como ella insinuaba.
El hombre entró en la cafetería. Echó una rápida mirada a Alejandro y de dirigió a la barra, dónde pidió un café con hielo.
-¿Me cobra ya, por favor? – pidió con una voz grave. Sacó su cartera y no pudo evitar mirar la foto de Irene… El amor de su vida. Luego, miró de nuevo a Alejandro, el marido de Irene, y se sintió extraño. Tuvo la sensación de ser un loco, espiando al marido de su amante muerta, pero tenía la sensación de estar más cerca de ella.
Guardó de nuevo su cartera.
Alejandro nunca sabría que Cloe le había mentido para que no supiera que Irene no le quería, que se había enamorado de otro, y cuando murió en el accidente, estaba con él de viaje. Pero Cloe tampoco sabía quién era el hombre… Solo el hombre, sabía la verdad.

22 abr 2013

La culpa

Claude Monet
 
Las sombras se cernían sobre su cuerpo. Intentaban agarrarle, sucumbirle, hacerle temblar de miedo… Pero la luz, aún se abría paso entre las ánimas negras.
-¡Basta! – Exclamó Deméter, revolviéndose entre los oscuros brazos que lo aprisionaban
– Aún no he sido juzgado.  
Las sombras se rieron, parecían burlarse de sus palabras.
-Solo tú mismo puedes juzgarte. – susurró una de ellas.
Deméter consiguió zafarse de sus opresores, y en un arrebato de valentía, se enfrentó a ellos.
-Entonces me declaro inocente – sentenció.
-Pero sabes que no lo eres,  y por eso te sientes culpable…Por eso existimos nosotras.
Deméter hundió la cara en sus manos. Los remordimientos que sentía eran demasiado fuertes, demasiado intensos. Nunca lograría escapar de la culpa.
Las sombras, aprovechando su debilidad, se abalanzaron sobre él y se lo llevaron a un lugar del nunca podría salir: el remordimiento de su conciencia.