16 dic 2011

¡Feliz Navidad!



Quiero desearos a todos una feliz Navidad. Espero que paséis unas fiestas estupendas, llenas de buenos momentos y de muchas alegrías.


Que este nuevo año, 2012, os traiga todo lo que necesitéis y os brinde una gran felicidad.
Deseo también, que la magia que perdemos adultos, os envuelva de nuevo en los momentos más “reales” de la vida, pues la magia sigue estando ahí, sólo hay que fijarse un poco.
Feliz navidad a todos, amigos. En el próximo año, volveré con más relatos.






16 nov 2011

El mar de los fantasmas






El destello plateado de la luna se reflejaba distorsionado en las oscuras aguas del mar. Las suaves olas lo llevaban de un lado a otro, meciendo la luz grisácea como en un intento de dormir al astro.
Todo estaba tranquilo en alta mar, y el pequeño barco de vela descansaba sosegado sobre las aguas. Solo un ligero balanceo perturbaba el placentero sueño de la embarcación.
Sin embargo, algo se agitaba dentro de aquel apacible velero. Una intranquilidad se apoderaba del silencio de la noche oscura. ..
Andrés, apoyaba su cabeza sobre la mano derecha, en un ademán de mareo, mientras parte de su rostro, permanecía oculto en las tinieblas.
Apretaba fuertemente los ojos, y en su respiración, se apreciaba un desagradable murmullo causado por una fuerte agitación.
-Vete… - murmuró, con una voz grave e imperativa. -Aléjate de mí.
El eco de una oscura carcajada invadió el camarote del pequeño velero.
-¡Basta! – gritó Andrés descubriendo su rostro, dejando ver una cara curtida por los años y erosionada por la mar.
Silencio…
Andrés llevaba dos semanas en alta mar, sólo, únicamente en compañía de las olas y del horizonte. Era un hombre de agua, un apasionado, pero esta vez se había adentrado en un mar prohibido, en una marea vedada. No quiso hacer caso a las advertencias de los marineros, y zarpó rumbo al mar de los fantasmas.
-Andrés… - susurró una voz fría, espectral, apenas audible. –Andrés…
De nuevo, otro silencio. Esta vez, ni siquiera las olas parecían moverse.
De repente, una sombra etérea empezó a tomar forma en el camarote del barco. Poco a poco, se podía distinguir la silueta de una persona.
Andrés, horrorizado por aquella visión, se tapó la cara.
-¡Vete!- Pero el grito quedó ahogado en sus manos.
-Andrés…
Entonces, una mano fría tocó su brazo. Andrés, sintió estremecerse, su sangré se congeló, y en un acto reflejó, se destapó la cara para defenderse de lo sobrenatural.
No había, nada, no había nadie…

Cuando el sol iluminó el mar a la mañana siguiente, el cuerpo sin vida de Andrés flotaba mecido por el ligero oleaje. Chocaba contra un cuerpo y luego contra otro…Era, pues, una marea de cadáveres.
-El mar de los fantasmas se alimenta de los hombres que surcan sus olas- Le había advertido un marinero…

21 oct 2011

La Luz






En un túnel oscuro cualquier luz nos parece bonita, pero no nos damos cuenta de que la verdadera luz se encuentra dentro de nosotros mismos; solo tenemos que buscarla, y esa es la búsqueda más importante de nuestras vidas.
Cuenta una leyenda que hace muchos años una estrella llamada Osiris, al igual que el dios egipcio, brillaba en el cielo nocturno con una luz casi cegadora. Era el orgullo del firmamento y la envidia para muchos astros que vivían a su a lado.
Un día, una estrella fugaz llamada Destello, surcaba el espacio en busca de un lugar donde caer, pues estaba cansada de recorrer tantos kilómetros sin ningún destino al que dirigirse.
Destello pudo ver la luz de Osiris desde mucha distancia y, poco a poco, fue quedando cegada por aquella claridad que iluminaba todo el firmamento. La estrella fugaz quedó enamorada de tan hermosa visión, y fue entonces cuando decidió que aquella bola de luz sería su destino.
Destello chocó contra Osiris, introduciéndose hasta lo más hondo de sus entrañas, y las dos estrellas reventaron en millones de partículas de luz que se dispersaron por todo el universo.
Muchas de esas partículas cayeron en la Tierra, y de aquellos fragmentos luminosos surgió la vida.
Reza la leyenda, que cada uno de nosotros llevamos dos partes de luz, una de Destello y otra de Osiris, y que la conjunción de ambas se ha convertido en nuestra alama.
Aquel que mire dentro de sí mismo, encontrará su luz. Los destellos que encontremos fuera, no iluminarán nuestro camino.

13 sept 2011

Μορφεύς

Pierre-Narcisse Guérin Morfeo e Iris



- Déjame huir. Quiero cerrar los ojos y olvidarme de esta existencia. Quiero soñar…
Pero Aldora no podía soñar. La oscuridad invadía su mente, borraba sus recuerdos y no le permitía traspasar el umbral que separa el mundo consciente del onírico.
No podía sumergirse en aguas de colores, no podía volar, no podía visitar lugares imposibles… Estaba condenada a contemplar el vacío cada vez que sus párpados se cerraban.
Las noches eran para Aldora una marea de estrellas titilantes que no se dejaban tocar, ni si quiera desear. Estaban prohibidas para ella, pues las estrellas transportaban sueños de una galaxia a otra, y Aldora no soñaba…
El cálido abrazo de Morfeo había desaparecido, sus manos no la tocaban y su plácida voz había dejado de cantar para ella. Morfeo ya no la amaba…
- Permíteme soñar – suplicaba Aldora – Llévame contigo.
Pero era demasiado tarde, ya que el dios de los sueños había encontrado algo mejor a lo que abrazar: las almas humanas. Morefeo se había enamorado de todas ellas.
Sin embargo, Aldora, cuyo sueño se había transformado en oscuridad, decidió perseguir a Morfeo a través de los sueños de las almas humanas, convirtiéndose así en la pesadilla de aquellos que caen en su noche eterna, en su vacío, en su desdicha.
Pero, ¿Qué ocurrirá cuando Morfeo se enamore de otro? ¿Dejaremos de soñar?

8 ago 2011

La foto de Melissa

Vinuesa, Soria


En la provincia de Soria, al pie de los Picos de Urbión, se halla un hermoso pueblo llamado Vinuesa.
Muchos conocen esta localidad, de paraje espectacular y calles dotadas de un encanto que ya no existe en los pueblos modernos. Es como adentrarse en el pasado, como recorrer un mundo escondido, libre de la destrucción humana.
Pero la gente que visita este pequeño pueblo, es ajena a la presencia de Melissa. Nadie parece percatarse de que, a veces, permanece sentada en un frío banco de piedra, observando con sus ojos grises, meditando, susurrando palabras que nadie puede oír…
Tampoco parecen verla cuando sale a regar las hermosas flores de su patio, en la vieja casa de piedra, o cuando pasea sola al caer la tarde…
Es como si Melissa se desvaneciese ante los ojos de los demás…
Sin embargo, aquellos turistas que buscan una bonita foto retratando la fachada de la vieja casa de piedra, se encuentran con la imagen de una mujer sentada en el muro del jardín. Una mujer que posa triste, afligida…
Nadie sabe que se trata de Melissa.



Vinuesa, 1983

Aquella foto era perfecta: Marcos, rodeando la cintura de su mujer, posando sonriente delante de una bella casa de piedra, posiblemente, muy antigua.
Dio las gracias al lugareño que había accedido a inmortalizarles y comprobó apenado que ya sólo le quedaba una foto en el carrete. Con lo bonito que era aquel pueblo… ¿Tendría tiempo de comprar otro?
Sin embargo, la mujer de Marcos, parecía no estar disfrutando tanto como él. Estaba triste, sería, sonriendo forzosamente cada vez que la enfocaba la cámara. Era como si aquel lugar le trajera pesar en vez de alegría.
- Sólo queda una foto – dijo Marcos – Te la haré a ti, junto a la casa.
Su mujer puso cara de fastidio.
- Estoy cansada, no me encuentro muy bien. ¿Por qué no vamos a tomar algo?
Haciendo caso omiso a las quejas de su esposa, Marcos apuntó su cámara y encuadró el paisaje tal y como a él le gustaba: la casa de piedra a lo lejos, haciendo de escenario natural, como si fuera una maqueta. Su mujer, ligeramente sentada sobre el muro del jardín, y aquella anciana vestida de luto, asomando su cabeza por el rellano de la puerta principal…
Apretó el botón y disparó por fin la última foto, no sin extrañarse de la repentina presencia de la mujer mayor, que hacía tan solo un segundo, no estaba allí.
Pero no fue eso lo que más inquietó a Marcos…
Al apartar la cámara de su rostro, comprobó que su mujer ya no se encontraba posando en el muro del jardín. El lugar que había ocupaba estaba de repente vacío, desolado. Era como si la cámara se la hubiera tragado…
- ¿Melissa? – susurró Marcos con una voz quebradiza, casi asustada - ¿Melissa?
Pero Melissa, su esposa, ya no estaba, había desaparecido…

Sin encontrar una explicación a lo que había sucedido, Marcos tuvo que marcharse de Vinuesa después de una semana de incasable búsqueda. Nadie supo nada de Melissa, y poco a poco, los habitantes del pueblo se fueron olvidando de aquel extraño suceso.
Sin embargo, Marcos no pudo apartarlo de su mente, y el recuerdo de ese día casi lo lleva a la garras de la locura, pues cuando reveló la última foto que le hizo a su mujer junto a la casa de piedra, descubrió horrorizado que no era Melissa la que posaba, sino la anciana que había irrumpido en el objetivo; y asomando la cabeza en el rellano de la puerta, estaba Melissa…
Era como si hubiesen invertido…
¿Qué significaba aquello? ¿Qué había ocurrido? Marcos nunca tendría una respuesta, pero sí tuvo la seguridad de que su mujer estaba en aquella casa de piedra.